La función principal de esta herramienta es mostrarte desde dónde te está dando el viento en cada momento, para que puedas anticipar cómo va a afectar tu viaje. Es especialmente útil en rutas y carreteras, donde al andar a velocidades altas el viento pesa mucho más sobre el consumo que manejando en ciudad — ahí es donde más vale la pena mirarla antes de salir o durante el trayecto.
La eficiencia compara la autonomía estimada en este momento contra la autonomía WLTP declarada por el fabricante de tu vehículo. 100% = igual al WLTP; menos de 100% = estás gastando más energía por km de lo declarado.
Se calcula la velocidad real del aire contra el auto (tu velocidad menos el componente del viento a favor o en contra, según el ángulo). La resistencia aerodinámica crece con el cuadrado de esa velocidad relativa: por eso un viento de frente fuerte castiga mucho más que uno flojo, y uno de cola puede hacerte superar el 100%.
Entre 25°C y 30°C la batería trabaja en su rango óptimo (sin penalización). Fuera de ese rango —tanto frío como calor extremo— el consumo aumenta (climatización, química de la batería), según una tabla de referencia interpolada para cualquier temperatura.
Esto es lo que más confunde: si el viento suma +20% de consumo y el frío suma +10% de consumo, la eficiencia no baja a 70% (100 − 20 − 10). El consumo y la eficiencia no se restan entre sí, se multiplican.
Cada factor se aplica sobre el anterior: 1.20 (viento) × 1.10 (frío) = 1.32, es decir, +32% de consumo total. Y la eficiencia es la inversa de ese número: 100 ÷ 1.32 ≈ 76%. Por eso podés ver "consumo +32%" junto a "eficiencia 76%" y no "24%" — no es un error, es que consumo y eficiencia miden cosas distintas (cuánta energía gastás por km vs. cuánta autonomía te queda), y se relacionan por división, no por resta.
Rumbo y velocidad: GPS y brújula de tu teléfono. Viento y temperatura: pronóstico de Open-Meteo para tu ubicación (no es una medición exacta del punto donde estás parado).